Recital del poeta Darío Jaramillo Agudelo

Entrevista con el poeta
 
"Es la única vez en que no he tenido miedo de un examen porque no pensé en eso, lo único que me importaba era el poema que se había aparecido en ese momento".
 
 
En el marco del Recital del poeta Darío Jaramillo Agudelo realizado en el III Coloquio de Literatura 2018, dialogamos con el Poeta. No hay mayor introducción que se pueda hacer a sus palabras, que lo dicen todo y a la vez son un bocado minúsculo pero necesario frente al universo que representa su poesía. 
 
Nació en Santa Rosa de  Osos, Antioquia, en 1947, es poeta, ensayista y novelista. También abogado y economista de  la Pontificia Universidad Javeriana - Bogotá. Uno de los poetas colombianos más destacados de la segunda mitad del siglo XX. Su obra ha sido publicada principalmente en: "Historias" (1974), "Tratado de retórica", que mereció el Premio Nacional de poesía 1978, "Poemas de amor" (1986), "Antología poética" (1991),  "Cuánto silencio debajo de esta luna" (1999,  "Del ojo a la lengua"  (1995),  "Cantar por cantar" (2001)  y "Gatos" (2005), entre otros. 
 
 
 
  • ¿Qué es la poesía?
 
Yo diría que la poesía es el poder de alucinar con las palabras.
 
 
  • ¿En qué lugares o en qué momentos escribe poesía?
 
Hay un problema ahí en la pregunta y es que uno no escoge cuándo escribir poesía. Yo me acuerdo estando en segundo año de Carrera, esperando turno para un examen oral de una materia bastante difícil, era un examen de Derecho Romano, y yo estaba escribiendo un poema en el cuaderno. Y es la única vez en que no he tenido miedo de un examen porque no pensé en eso, lo único que me importaba era el poema que se había aparecido en ese momento.
 
A veces uno a media noche se despierta con un verso, dice "mañana lo copio", y al otro día trata de acordarse y no hay manera, ya pasó el momento. Hay otras veces en que uno tiene el lápiz y lo copia, al otro día amanece y uno ve lo que escribió a media noche y es una bobada.
 
De manera que es una relación en la que el que escribe es un sujeto pasivo. No es como cuando se escribe una novela o un ensayo, que uno dice: "mañana a las 8 me siento y escribo el capítulo 34". Un poema se aparece cuando le da la gana.   
 
 
  • ¿Cómo vive esos tiempos en que escasea la inspiración, en los que quizá parece que se le han agotado los poemas?
 
Me ha pasado tantas veces que lo vivo con cierta tranquilidad, porque a mí se me aparece a rachas la poesía. Tengo una racha y escribo un montón de poemas en un tiempo corto, siempre con un tema, con una obsesión, y de pronto dejo de escribir hasta un año, no se me ocurre nada, y vuelve otra vez. Toda la vida ha sido así, como que aparece a ratos entonces si aparece lo puedo aprovechar bien, pero si no ya no me angustio. Antes creía que me había abandonado por completo la inspiración.  
 
 
  • ¿Cuándo supo que era poeta?
 
Yo creo que nunca en mi vida he dicho que soy un poeta. Hay algo que sí me he dicho muchas veces: que tengo que aprender a escribir poesía. Me entiendo como un aprendiz que nunca acaba de aprender, porque si uno acabara de aprender ya no tendría gracia, tiene más gracia hacer los intentos sintiéndose uno humilde frente a la poesía o frente al hecho de ser poeta.
 
No hay ningún momento en mi vida en que yo haya dicho: mi vocación es la poesía o algo parecido. Escribo versos cuando me surge la necesidad de escribir versos cuando no pues no. Pienso, como en la película famosa La sociedad de los poetas muertos: los poetas vivos apenas somos aprendices, los poetas que existen son los poetas muertos.
 
 
  • ¿Para qué le sirve la poesía a un país como el nuestro?
 
No pensemos en la poesía como una de las bellas artes sino como una escritura que sirve para que la gente exorcice sus demonios, para que tenga catarsis. Es curativo poder escribir un poema para quitarse el miedo, la angustia, el temor o la desolación de encima, o la felicidad.
 
La persona que se metió al taller de poesía para hacer el duelo de alguien que se le murió, o un amor que se le acabó o para cantarle a un amor. Sin necesidad de que sea una obra de arte, solamente le ayuda a la gente a verbalizar algo que está sintiendo por dentro. En ese sentido yo creo que la poesía es muy útil; la cantidad de horas de psiquiatra, medicina y tranquilizantes, que ahorra la gente al expresarse escribiendo poesía es mucha.
 
 
  • ¿Cómo ha vivido las etapas de la vida a través de la poesía o cuáles han sido sus etapas como poeta?
 
No me sé analizar en ese sentido, tengo épocas en las que escribo versos y épocas en que no escribo versos.
 
 
  • ¿Cuándo empezó a escribir poesía?
 
Yo estaba muy niño y me fascinaban, me siguen fascinando, los juegos de palabras, los trabalenguas, me producen euforia, siempre tuve esa pasión. También, mi padre llevaba amigos a la casa y leían poemas, a mí me encantaba.
 
Hubo un momento, yo tenía unos 13 o 14 años, en que cae en mis manos una edición de León de Greiff, yo no entendía mucho pero me divertían las palabras. Así que lo primero que yo escribí en la vida para mí mismo fue alguna imitación de León de Greiff.
 
 
  • ¿Cómo ha vivido el ser un poeta reconocido?
 
Yo soy una persona solitaria no muy dada a estar buscando el éxito ni reconocimiento. En un escenario procuro que no me dé la luz, prefiero que el reflector le caiga a otro. Entre otras porque si quisiera la fama me habría dedicado a ser cantante de rock o animador de TV. Yo creo que en este momento de la historia la fama que pueda tener un poeta es de círculo cerrado. Hubo una época en que como decía Alberto lleras "En Colombia los presidentes llegaban al gobierno por una escalera de versos", porque los presidentes escribían versos, eso fue en el siglo XIX. Ahora que me tocó a mí en el XX y XXI, el poeta es un ser común y corriente que escribe poemas.  
 
Yo he corrido con la suerte de que he sido un autor de versos que se han publicado y que han llegado a la gente, y eso, no hay que negarlo, es muy halagador. Lo que me ha ocurrido varias veces, casi podría decir que me ocurre con frecuencia, es que, por ejemplo, se me acercó una pareja después de una lectura, con un niño chiquito, y me contaron que el niño se llamaba Darío porque ellos se enamoraron hablando del amor con los versos que yo había escrito. Es muy halagador, y contradictorio que la gente diga que la poesía no sirve para nada.
 
 
  • ¿Qué nueva vida le da la oralidad a la poesía escrita?
 
Me gusta la pregunta porque me hace recordar algo que tenemos olvidado, la poesía era cultura ágrafa hasta hace muy poco, hasta hace 500 años, que aún con la invención de la imprenta siguió manteniendo una vertiente de tradición oral.
 
Los poetas hemos creído que siempre el medio es escribir unos poemas aquí en mi refugio y que se leen en silencio, mentalmente, y nos olvidamos de que la gran historia de la poesía es oral.
 
La capacidad de alucinar con el poema, para volver a la definición que di al inicio de la entrevista, es cuando la poesía es oral. En mi caso, recién le puse un nombre robado a ese procedimiento: yo con todo lo que escribo hago la prueba de fuego, así lo decía un escritor inglés, que es leerlo en voz alta. Es, también, lograr que una expresión además de ser precisa tenga cierta musicalidad.
 
 
  • ¿Qué consejo da a los poetas que surgen actualmente, en un mundo preocupado por la visibilidad y conectividad?
 
De visibilizarse no tengan ninguna prisa, el punto es lograr que las palabras tengan un sentido, que la escritura de la poesía les ayude a cada uno a conocerse por dentro y a hacerse preguntas fuera de la zona de confort. El tema de que lo lean a uno no es un campo de los poetas sino para editores, y es un producto del azar.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
María Gabriela Novoa
Coordinadora Comunicaciones 
Facultad de Ciencias Sociales